jueves, 13 de octubre de 2011

cuento: Un Grillo En El Mercado

A las afueras de un mercado que se encontraba en el centro de una ciudad bastante estruendosa; vivía en el recoveco de una estatua, un pequeño grillo llamado Pablito. Su familia era del monte, pero él sabía que había algo más que solo su pequeño pueblo de Hongilandia; por eso cuando tuvo la edad suficiente decidió irse a vivir a la ciudad.
      Sin embargo vivir solo traía muchas desventajas, y Pablito muchas veces se sentía solo, y no se sentía importante, él sabía que tenía que darse tiempo para encontrar su lugar en este nuevo mundo, y trataba siempre de ser positivo.
     El se sentía realizado sabiendo que cada día que se despertara en ese lugar aprendería algo nuevo, Pablito se levantaba con la salida del sol para poder disfrutar de un desayuno tranquilo en los alrededores del parque, sin mucha gente que pudiera pisarlo, luego se aseguraba de que su casa estuviera aseada y el también, y enseguida salía a recolectar la comida el siguiente día.
     Pablito trabaja con una paloma; de la cual se hiso muy amigo, haciendo reparticiones a los vecinos y animales que vivían en los alrededores, el territorio de Pablito se terminaba en el mercado, la paloma; Silvia, le aconsejo que no entrara por ninguna razón, y le conto historias de muchos amigos que entraron pero nunca salieron, y Pablito era un grillo muy obediente y siempre respeto esa regla.
     Sin embargo un día, cuando Pablito se despertó con el sol, vio una pequeña luz azul por su ventana, con mucha curiosidad Pablito salió corriendo a seguirla y la luz lo llevo a la entrada del mercado; donde él sabía muy bien que no debía entrar. Pero el color de esta pequeña luz era muy hermoso, y Pablito sentía que la luz le quería decir algo, así que reunió todo su valor y siguió adelante.
     Después de un rato caminando, Pablito dejo de ponerle tanta atención a la luz y empezó a observar el lugar donde se encontraba , parecía que no tenia techo, ya que este se encontraba tan pero tan alto que era difícil de distinguir, observo como los humanos que trabajaban ahí lo hacía desde muy temprano, justo como él lo hacía. Y entonces empezó a sentir más curiosidad para saber cómo funcionaba todo ahí dentro. Cuando de pronto se encontró un pequeño hoyo en la pared justo de su tamaño, entro para averiguar de qué se trataba, y Pablito se llevo la gran sorpresa de que había todo un pueblo de grillos dentro del mercado
     Después de unas horas de investigar y caminar por las estrechas calles donde nadie lo intentaba pisar y donde era casi desapercibido, Pablito se dio cuenta de que se encontraba otra vez las ajetreadas calles de su ciudad. Decepcionado de que su recorrido se hiciese tan corto y de no haber podido descubrir que era esa pequeña luz que parecía que le hablaba con sus movimientos.
      Y al estar en su casa miro por la ventana y vio como lo humanos pasan y como los niños lo observaban al caminar, y entonces le entro un sentimiento que lo hizo sentir especial, útil y querido de alguna manera. Y nunca más se volvió a sentir solo ya que se dio cuenta que si tenía su lugar en el mundo.

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